Querida RAE:

Querida RAE:

Disculpe usted mi atrevimiento pero me debo lidiar con un problema que no sé cómo afrontar.

Ella es tan hermosa que ninguna de las palabras que encuentro en el Diccionario encierra el significado de la belleza de sus trazos ni de la gracilidad con que los ondula. ¿Cómo puedo, en estas condiciones, dejar fluir la poesía que siento cuando la miro? ¿Cómo llamar al júbilo profundo y gozoso que toma posesión de mi cuando estamos juntos?

Le saluda muy cordialmente,

David Roldán Martínez

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Glaciación

La desesperación asfixiante y tórrida del que respira arena me acuna mientras una ansiedad explosiva y afilada me canturrea al oído que esta noche no estarás al otro lado de la cama. Armadas con una crueldad glaciar, Desesperación y Ansiedad, pérfidas y maléficas brujas ambas, me envuelven con su aliento gélido consiguiendo hacerme tiritar mientras, como un pez fuera del agua, boqueo tratando de aspirar una bocanada del recuerdo de tu calor que me inyecte un efímero instante de vida, con la esperanza firme y cierta de que llegará el día en que cada noche me abrazaré a ti y nos zambullamos en un mar de sueños, ilusiones y vida juntos.

David Roldán Martínez

(Pintura, “El grito”, Munch)

Enséñame

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Enséñame a amarte mucho más allá del simple “te amo”.

No quiero acomodarme en el deseo abrasador de tus curvas incendiarias ni ser solamente el convertidor en realidad de tus sueños más húmedos y tus pasiones más íntimas desatando tu lado más salvaje.

No quiero estancarme en apoyarte y acompañarte en tu camino como un mero camarada que sólo te ofrezca una conversación entretenida en ruta y una hogaza de pan compartida sentado a tu lado en cualquier piedra del camino.

No quiero ser únicamente un espectador de tu vida que se enorgullezca de tus éxitos y acoja con cariño en tus fracasos, ofreciéndote incondicionalmente su pecho para que puedas reposar la cabeza en las noches gélidas de momentos difíciles y festeje el lujo de tus días de calor y jolgorío.

Quiero que alcancemos juntos el éxtasis más ecstático, desplegar la magia de los besos sinceros, los abrazos acogedores y las caricias emocionantes, sin más límite ni frontera que la aleación de nuestros cuerpos y la imbricación gozosa de nuestras almas.

Quiero comprenderte, agujerear contigo el tiempo en conversaciones maravillosamente complejas y fascinantemente sencillas, reír juntos hasta desvanecernos y fortalecerte cuando las lágrimas resbalen por tus mejillas.

Quiero regocijarme con tu plenitud de espíritu, beber de tu sabiduría cuestionando amablemente tus enseñanzas, sentir el desgarro de las costillas por la explosión de un corazón orgulloso y feliz de sentirte cerca.

Quiero que me enseñes mucho más allá del simple “te amo” porque yo, simplemente, te amo mucho más allá.

David Roldán Martínez

LL

Sobre un lecho de sábanas blancas y sueños felices, derramando la tinta de la vida, escribimos con nuestros cuerpos desnudos y entrelazados la letra elle, la doble ele de las llaves de nuestro futuro.
Comienza el trazo con mi pecho sobre tu espalda, con mi cara enredada en tu melena y tus orejas vibrando tímidamente al son de mi respiración, espejo musical y acompasado de la tuya.
A la altura de tus hombros se despliega una selva salvaje de brazos y abrazos, que culmina en cuatro manos y veinte dedos entretejiendo una tela de amor que nos protege del gélido aliento de las adversidades.
Mi pecho, al hincharse de aire y de ilusiones, acaricia tu espalda con dulzura, haciendo resonar en íntimo espacio que nos separa, música de tambores que redoblan a júbilo y alegría, a respeto y confianza, a seguridad y templanza.
Sostengo tus caderas sobre las mías, dobladas en ángulo perfectamente cómodo, prolongando nuestras piernas y formando la base sólida sobre la que el resto de la letra se asienta.
Repaso el rastro que el pasado dejó en tu piel, y que encaja en el que el tiempo cinceló en la mía, y no puedo sino sentir un infinito agradecimiento al camino que hasta aquí nos trajo y en el hueco entre los labios al besarnos nos regaló las llaves de lo que esté por venir.

David Roldán Martínez

De la mano

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Muchas veces me pregunto si habrá en el mundo una sensación tan sobrecogedora como entrelazar tus dedos con los míos mientras caminamos desenfadadamente por la calle, en medio  de una conversación repleta de palabras mudas que se hablan con los ojos y con el tacto de la piel. Con una sonrisa pintada, sincera, tierna y que se sale del arco entre las orejas de tal manera que nos engancha a la primera nube que pasa y nos hace volar y soñar.

Y es entonces cuando me respondo que sí, claro que existe una: compartir  contigo también la vida de los pies en la tierra.

David Roldán Martínez